Haber tratado de ponernos a todos de “corruptos” como “estrategia” para “diferenciarse”, asumiendo totalmente el discurso politiquero de la oposición y sus medios de comunicación.

Haber dicho que la situación económica es “crítica” y el gasto “irresponsable”, cuando siempre tuvieron las cifras y después de superar dificultades nunca vistas en el país, y nuevamente legitimando el discurso neoliberal de la oposición.

Haber dicho falsamente que todo está mal hecho, desde las escuelas del milenio hasta los proyectos estratégicos.

Los pactos con Bucaram, Larrea, la banca. La entrega de los medios públicos a la prensa mercantil.

La legitimación de poderes fácticos que destrozaron al país, como los socialcristianos.

El cobardemente retroceder en decisiones que costaron mucho, pero que son necesarias para un país más moderno y justo.

El reparto de las eléctricas, el MIES, Ministerio de Trabajo, el MAGAP, etc. El hombre del maletín tratando de comprar con cargos y espacios a asambleístas y autoridades.

Usar la Contraloría como instrumento de persecución y tratar de sacar a todas las autoridades de control que aún les “estorban”.

Volver al Estado aparente -tan solo en defensa de los intereses de los de siempre-, y renunciar al Estado popular de la Revolución.

El llamar “ovejunos”, “mafia”, y odiar a quienes los llevaron al poder.

Mientras tanto, no construir una sola casa ni incrementar los bonos, ofrecimientos de campaña. Y luego decir que “lo que ha hecho el Gobierno en estos casi tres primeros meses es absolutamente coherente con los principios y el plan que se presentó en campaña”, ya es el colmo del cinismo o inconsciencia.

Una traición de esta magnitud es la mayor prueba a la que se ha enfrentado la Revolución, pero junto a nuestro pueblo, volveremos a vencer.

¡Hasta la victoria siempre!

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