El Secretario de la Presidencia, el nicaragüense Eduardo Magas Mairena, en una reunión con coidearios suyos ha manifestado que Moreno iba a perder las elecciones, dice incluso que perdió las elecciones, porque el país estaba demasiado polarizado, porque se habían cometido errores no enmendados a tiempo y porque los casos de corrupción denunciados por la Comisión Anticorrupción eran ciertos.

Según Mangas, Correa quería que Moreno perdiera frente a Lasso, porque teniendo Alianza País el control de las demás funciones del Estado, a Lasso se le iba a hacer difícil gobernar y ante su fracaso, en el 2021 sería inevitable un nuevo triunfo de Alianza País. Moreno no estuvo de acuerdo con esa estrategia de Correa y, para remontar la segura derrota y luego de la victoria estrecha en la segunda vuelta, para ampliar la base de apoyo, Moreno y su equipo de confianza elaboraron una estrategia propia compuesta de tres ejes: el diálogo con todas las fuerzas políticas y sociales, una evaluación autocrítica de los diez años de ejercicio gubernamental y la adopción por el Ejecutivo de una actitud pasiva frente al accionar de las demás funciones del Estado al tiempo que se creaba un Frente Anticorrupción que le sustrajera protagonismo a la Comisión Anticorrupción.

También señala Mangas que, “para asegurar la continuidad político-ideológica de la Revolución Ciudadana” Lenín Moreno y su equipo de confianza decidieron: trabajar con el equipo económico, el equipo político, el equipo de planificación, el equipo de seguridad e inteligencia y el equipo de política exterior que habían trabajado con Correa, con levísimos cambios.

Argumenta Mangas que sobre estos temas Moreno habló con Correa, dos semanas antes de la posesión del primero y que allí surgieron las primeras discrepancias. Según Mangas, Correa pretendía seguir dando las directivas de gobierno, pese a que lo había sustituido Moreno en la Presidencia.

A siete meses de la toma de posesión de la Presidencia de la República por Moreno ¿qué puede evidenciarse que sea real de lo dicho por el nicaragüense Mangas, Secretario de la Presidencia y cónyuge de la Ministra de Relaciones Exteriores, María Fernanda Espinoza?

El diálogo se ha dado. El Prefecto de Pichincha, Gustavo Baroja, según la filtración de su discurso en una reunión de coidearios, ha dado a entender que Moreno pactó con Nebot para la segunda vuelta. Lo cual explicaría la inacción del PSC-Madera de Guerrero y hasta las críticas fuertes contra el candidato Guillermo Lasso, de CREO, en la segunda vuelta. También pactó con Bucaram, según se desprende de las declaraciones de José Serrano, luego de su viaje a Panamá en un avión privado del empresario cuencano Juan Eljuri, pacto detrás del cual estarían los hermanos Isaías, que quebraron Filanbanco.

Con Lasso, el acercamiento parece ser que se dio a través del “flaco querido” Gustavo Larrea. También las buenas migas se dieron con Mauricio Rodas, el inepto Alcalde de Quito.

Luego hemos sido testigos de los diálogos con los banqueros, con los comerciantes, con los industriales, con los choferes, con los dueños de los medios de comunicación más reaccionarios.

Al final, como un favor, fueron llamados también los indígenas, los obreros y otros grupos menores.

Con los únicos que no hubo diálogo fue con el Vicepresidente Jorge Glas, al que Moreno le retiró las funciones que inicialmente le había encomendado, y con los partidarios de Rafael Correa, a quienes tras calificarlos de ovejunos y mafiosos dijo que los odiaba. Al final, todos los enemigos de la Revolución Ciudadana, convencidos o por conveniencia, manifestaron estar con el licenciado de la silla de ruedas, posicionado por los medios de comunicación privados y gobiernistas como el representante del Ecuador y no solo de un partido.

La autocrítica se dio. Moreno aseguró que le habían dejado al país en crisis, con una enorme deuda; que más de seiscientas obras habían quedado inconclusas y con fallas y que las obras concluidas, muchas de ellas, faraónicas, tenían abultados sobreprecios; que Correa había sido un ambicioso de poder, un autoritario que había provocado una gravísima división entre los ecuatorianos. Moreno se posicionó como un no político, heredero de un país con problemas creados a propósito para que fracase, imagen con la que pretendería escamotear la incapacidad para desarrollar una gestión de gobierno superior o por lo menos igual a la de su predecesor.

La actitud pasiva del Ejecutivo frente a las demás funciones del Estado se tradujo en un alentar permanente a que la Contraloría y los órganos de justicia persigan a todos los corruptos, insinuando que entre éstos estaban no solo los que efectivamente se habían apropiado indebidamente de los fondos públicos sino todos los que habían laborado con Correa. Pintando así a su predecesor y sus seguidores, al tiempo que repetía machaconamente su desapego al poder y su desconocimiento de lo que aquellos habían hecho, pese a que había sido seis años Vicepresidente con Rafael Correa y los cuatro años restantes había sido funcionario de la ONU en Ginebra a costa de dineros públicos provistos por el gobierno de Correa, y pese a sus alianzas con los políticos más corruptos del Ecuador, entre ellos los Bucaram, Moreno se erigiría como el campeón de la anticorrupción.

Con la adhesión de todos los enemigos de le Revolución Ciudadana, posicionado como el campeón de la lucha contra la corrupción practicada en los últimos diez años y heredero de un país en soletas para cuya recuperación requiere de una legitimación contundente en las urnas, Moreno ha convocado, saltándose inconstitucional, ilegal y antirreglamentariamente la calificación previa de las preguntas por parte de la Corte Constitucional, a una consulta popular.

De las siete preguntas, dos son las claves, puesto que se orientan, la una a impedir que Rafael Correa vuelva a postularse para la Presidencia en el 2021, bajo el argumento sofístico de que la alternabilidad garantiza el ejercicio de la voluntad popular; y, la otra, a poner bajo control de Moreno el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, para desde el control sobre éste controlar a su vez el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Contencioso Electoral, la Corte Nacional de Justicia, el Consejo de la Judicatura, la Fiscalía, la Contraloría General del Estado, el Defensor del Pueblo, la Defensoría Pública, las Superintendencias y hasta la propia Corte Constitucional.

De ganar el Sí, Moreno quedaría dueño de todas las funciones del Estado ecuatoriano y, dueño del control total, quedaría con las manos libres para poner en práctica el programa de la derecha tanto al interior como en el campo internacional. Como está haciendo Macri en Argentina y Temer en Brasil, Moreno se lanzaría a convertir el Estado en mero gendarme de los intereses de los súper ricos (que en Ecuador representan apenas del 2% de la población), privatizando las empresas públicas, la salud, la educación, la seguridad social, mientras en el campo internacional rompería la Alba, la UNASUR, la CELAC y se pondría al servicio de los organismos multilaterales del gran capital.

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